lunes, 22 de diciembre de 2014

Un poema de mi abuela Teresa


A MI PADRE, ENRIQUE

Yo te he visto campesino 
¿tal vez sólo te he soñado? 
Inclinado sobre el surco 
Acariciando el grano,
De cara al sol que nace

Parte misma del milagro.
También escuché tu voz
Cargada de presagios:
Horizonte rojo......viento seguro, 

Tiempo seco......esfuerzo vano. 
Y te vi caminar muy triste
Con gesto duro y cansado. 
Esas fueron las veces

Que te dolió ser labrador, 

Cuando apretaste el puño 
Y sofrenaste el llanto 
Ante la tierra seca
Y el trabajo avanzado. 
Esas fueron tus noches

De soledad y de espanto, 

Con el surco entre las manos, 
De cara a las estrellas
Con un rencor velado.

Pero también te he visto
Bajo el sol del verano 

Acariciando alambres 
Ensayando un canto

Inspirado en la violeta 

Floración del cardo.

¡Yo te he visto campesino! 

¡No es que te haya soñado!

Y por eso estoy segura
Que mientras haya un labrador 

Que al llorar esté implorando

A la Naturaleza por su campo, 

Con cada sol que amanece.... 
Habrá nacido un milagro. 



viernes, 12 de diciembre de 2014

Me beberé
tus letras como
el más cálido jugo
que caliente mi cuerpo
de este desamparado invierno


Es posible que
termine bebiendo
un poco
de tu alma

con mis dos colmillos
con mis pasos ciegos
con mis sentidos sordos
que no dan uso


Todas las almas
de los poetas allá
en mi vientre

quedarán presas
sus letras


De sangre
alimento
y vida
para mi alma eterna

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las mujeres con paraguas de Kundera

Estas mujeres... Después de tantos años y a pesar de los pesares, seguirán siendo un misterio para mi. 
Un enigma que me desola, desalienta, angustia y deja mi alma tan arrasada como un desierto sin oasis. El corazón en un puño. 
Sin la esperanza de que algún buen día pueda haber verdadera confianza detrás de esas miradas de pantera, y entre esas manos que dan amor y lo arrebatan a la vez, al mismo tiempo, como si fueran Dios. 

lunes, 13 de octubre de 2014

Hay que escribir, cueste lo que cueste

Demasiadas cosas que contar. Se me olvida lo que siento de un día para el siguiente, como si estuviéramos en verdad empujados a ello, a olvidar nuestro propio mundo, la percepción de nuestra historia. Porque las probabilidades de estallar serían bastante grandes. Así, nos vamos desintegrando, como las palabras escritas en lápiz en una pared, en lugar de tender a hacernos más grandes, más sabios, más cuerdos, más serenos...
Hay un motor que nos empuja y es imparable, ajeno a nosotros, al que estamos atados y que dirige nuestras vidas. Porque no me acuerdo qué cambió de ayer para hoy adentro; si ese es el motivo de estar vivo, todo carece un poco de sentido.
Y por eso reivindico este espacio, sagrado. La escritura como refugio inigualable, como océano de calma inmensa. Y vuelvo al colegio mil veces cada día para agradecer a todos mis maestros el haberme enseñado esta herramienta que a día de hoy se escapa a mi entendimiento.


La grandeza de recordarte como un hombre bueno no cabe en un apellido.


tus manos me siguen en las manos de otros
la suavidad de tu pelo
la sabiduría de esas manos de los hombres buenos 
que en las de mi padre también veo

Pero la ternura de tu sonrisa
sólo pertenece ya 
al mundo de los sueños