jueves, 6 de agosto de 2015

Prefiero tu riña por mis pantalones rotos
Que siempre se elevó como rezo de rosario
Como una nube sobre nuestras cabezas
Y que era tu forma de cuidarme, cuidarnos
[te retengo. Existes]
Siempre con tus manos sobre el regazo
ya vacías. Ya vacío. Tan llenas de nudos y de vida 
que amasas como el eterno pañuelo entre los largos dedos
que apuntaron siempre en dirección
a la razón
hoy ya inexistente
hoy ya torcida y torcidos
-quién puede poner razón-

Aquella mirada que reprobaba casi todo lo que era
Que ya había perdido su poder hacía tiempo
Y eso lo sabíamos las dos: la vida que se escapa
-la raíz que me dejas-

Prefiero esa riña que la adolescencia obligaba
A este silencio sepulcral de tu boca antaño siempre alerta
Para la riña
Para la fuerza
Para la pelea
Para vivir
A la súplica de tus ojos
Que ni yo ni nadie puede devolverte
todo que está siendo arrebatado 

Cuando el silencio es lo único que nos queda
-los labios prietos
las mandíbulas en plegaria-
y nos ata y nos une y nos recuerda
A este instante. A este estertor
A este esperar
A la agonía de verte y ya no verte más en realidad

Cuando lo inevitable de la muerte no deja lugar a preferencias,
nada lo prepara a uno para nacer y ser nacido 
Pero mucho menos para enterrar
Y menos aún para enterrar
en vida

sábado, 6 de junio de 2015

Los pasos cortos sobre los charcos y en la felicidad de la prisa de volver a encontrarse con los relojes. Se sabían desaparecidos.
La misma canción que separaba las casas -los mismos minutos, los mismos pasos- que ya no era la misma tras el "muro de agua".
La misma imagen, la misma imagen, la misma imagen... Seguía ahí aún cuando los párpados se plegaban a lo inevitable; mirar era quemarse mirando al sol. Cómo olvidar. Se abren y no está. Cómo olvidar... No está. Ya no. Un absoluto y un abismo. Vértigo y precipicio.

La risa esparcida por el suelo de la cocina.
La música, siempre.
Y nada nunca sin poesía

domingo, 5 de abril de 2015

A vueltas con el panta rei

Y qué le vamos a hacer, wey. Lo que la vida te da la vida te lo quita. Antes tenía unos dioses en los que creer, hoy condenada a aprender a vivir sin ley, sin familia ni rey, construyendo el cimiento de mi propio templo con las cenizas que dejasteis, los restos de mis restos, mis huesos para siempre en descanso eterno. No padecí el dolor del asfalto ni del hambre, pero vivo en un enjambre sin sentido que quizás es peor que la condena de estar vivo sin comprender. A una mala te recuerdo... Tampoco puedo retenerte, no eres mío, eres del camino y sus designios. Nos vamos, amigo. Os dejo ir, porque así estaba escrito. Luchando contra el fluir del tiempo pierdo cada día el aliento recordandoos como si ya estuvierais muertos. Nos vamos, amigo. Ya nos estamos yendo. Y esto es todo lo que queda. Y esto... es todo lo que tengo.

El único rezo que conozco es la escritura, la plegaria que legitima mi dureza; imploro sabiduría al transcurso de la vida, que me deje calma para aceptar y comprender, ser paciente con quien me rodea en este paso efímero y absoluto hacia el abismo.

Cómo me jode, te lo juro, despertar sabiendo que me estoy perdiendo el amanecer de tus ojos. Llego siete horas tarde cada día. Y vuelta a lo mismo, men: "mi corazón no entiende porque sólo es un corazón". Mi vida es una reflexión continua sobre el fin, y pensando se me escapan los días en cómo dejar de perderlos. Se me olvida por momentos el regalo que fue conocernos. No quiero perderme un día de tus días, quiero ser testigo de tu grandeza en la sencillez de los días... Y sólo pido -y pido todo- ser testigo...

Creo que hoy salgo del papel tan vacía como entré. No hay dios que calme el desasosiego de saberse solo. Una libertad infinita en la que perderse como en el espacio un astronauta sin ancla. Habrá que aprender a navegar. Sin la presencia de tu esencia en mis pensamientos que guías sin darme cuenta. La magia de estos días. Querría no tener tanta urgencia de ti en mi. Ser libre de veras. Y ser libre es estabilidad del alma, ser junco que todo lo resiste. Me falta... Me falta... y no quiero ser alguien que se autocompadezca.

Mi plegaria:
sé más fuerte
sé más dura
la vida es bella
pero sólo es una

Yo también quiero dormir en cenizas
y vivir en el corazón
de alguien como tú

jueves, 19 de febrero de 2015

Trágicas incompatibilidades

Odias despertarte. Quizás por un miedo ancestral a la noche. O al día. A vivir. Así hemos sido arrojados sin elegirlo. Cómo afrontar ahora este abismo...
Quisieras haber hecho más, no abandonar ese lugar y estado mágico de la madrugada que de nuevo ha de esperar; esperar todo un día inauténtico a alcanzar esa franja horaria, tierra de nadie, en la que no existes, y sí, te vuelves fantasma etéreo, observador y espía, coprotagonista de la película; y todo y todos existen ahora más que nunca, menos dolorosamente, con la fuerza de la inexistencia callada y dormida. Pensarlos en suspensión, en un momento en el que nada y todo pasa. Su dolor, el dolor de tal existir desaparece cuando los ojos que te miran como ardientes soles se alivian en la oscuridad de la noche.
Como una divinidad, más allá del bien y del mal, entre el día y la noche, entre el límite sin límite, que mira desde arriba la creación del hormiguero de Dios.

No soportas la angustia de un día menos, del gris de esta ciudad, mientras yo espero un día más. Quizás por eso nunca te vas a la cama, -me pregunto sabiendo la respuesta-, haciendo de la noche tu refugio e infinito. Tu miedo, tu droga, tu oscura amiga que todo lo abraza. O quizás sea al revés.


Y yo ansío, como ansío ver tu ilógica sonrisa cada amanecer, una nueva oportunidad, con la esperanza de la mañana, quizás también ancestral e inocentemente ingenua. Para poder hacer lo que ayer no pude, intentar descifrar la clave para saber amarte. Más y mejor. Con la luz nueva del sol naciendo sobre mi rostro; naciéndome.
Me entierras en vida con tus grandes ojos tristes. De luna y de sol... Así a veces imploro que no los abras jamás, hasta que el sol se ponga de nuevo, cuando ya no pueda ni ver ni soportar que me miras, implorando algo que ni yo ni nadie puede devolverte.


Jamás despertaremos juntos. Por más que abrazados nos durmamos.

10,000 km no es una cifra redonda. Es una maldición en la que tus lunas y las mías nunca empatan.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Un poema de mi abuela Teresa


A MI PADRE, ENRIQUE

Yo te he visto campesino 
¿tal vez sólo te he soñado? 
Inclinado sobre el surco 
Acariciando el grano,
De cara al sol que nace

Parte misma del milagro.
También escuché tu voz
Cargada de presagios:
Horizonte rojo......viento seguro, 

Tiempo seco......esfuerzo vano. 
Y te vi caminar muy triste
Con gesto duro y cansado. 
Esas fueron las veces

Que te dolió ser labrador, 

Cuando apretaste el puño 
Y sofrenaste el llanto 
Ante la tierra seca
Y el trabajo avanzado. 
Esas fueron tus noches

De soledad y de espanto, 

Con el surco entre las manos, 
De cara a las estrellas
Con un rencor velado.

Pero también te he visto
Bajo el sol del verano 

Acariciando alambres 
Ensayando un canto

Inspirado en la violeta 

Floración del cardo.

¡Yo te he visto campesino! 

¡No es que te haya soñado!

Y por eso estoy segura
Que mientras haya un labrador 

Que al llorar esté implorando

A la Naturaleza por su campo, 

Con cada sol que amanece.... 
Habrá nacido un milagro. 



viernes, 12 de diciembre de 2014

Me beberé
tus letras como
el más cálido jugo
que caliente mi cuerpo
de este desamparado invierno


Es posible que
termine bebiendo
un poco
de tu alma

con mis dos colmillos
con mis pasos ciegos
con mis sentidos sordos
que no dan uso


Todas las almas
de los poetas allá
en mi vientre

quedarán presas
sus letras


De sangre
alimento
y vida
para mi alma eterna

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las mujeres con paraguas de Kundera

Estas mujeres... Después de tantos años y a pesar de los pesares, seguirán siendo un misterio para mi. 
Un enigma que me desola, desalienta, angustia y deja mi alma tan arrasada como un desierto sin oasis. El corazón en un puño. 
Sin la esperanza de que algún buen día pueda haber verdadera confianza detrás de esas miradas de pantera, y entre esas manos que dan amor y lo arrebatan a la vez, al mismo tiempo, como si fueran Dios.