Los pasos cortos sobre los charcos y en la felicidad de la prisa de volver a encontrarse con los relojes. Se sabían desaparecidos.
La misma canción que separaba las casas -los mismos minutos, los mismos pasos- que ya no era la misma tras el "muro de agua".
La misma imagen, la misma imagen, la misma imagen... Seguía ahí aún cuando los párpados se plegaban a lo inevitable; mirar era quemarse mirando al sol. Cómo olvidar. Se abren y no está. Cómo olvidar... No está. Ya no. Un absoluto y un abismo. Vértigo y precipicio.
La risa esparcida por el suelo de la cocina.
La música, siempre.
Y nada nunca sin poesía
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